domingo, 3 de julio de 2011

Actividad Nticx, entrevista.

Calamaro

En medio de la mayor crisis discográfica de la historia, edita una caja de 6 CD y 2 DVD titulada “Andrés”. El Salmón vuelve a decirlo todo. En esta entrevista exclusiva con Los Andes advierte: “Las canciones sólo las escriben los obsesivos, los derrotados y los enamorados”.
Calamaro mastica por inercia, casi. Tiene los párpados por la mejilla y no quiere escuchar ni una gota más de música por hoy; acaba de llegar de una sesión de grabación de ésas que saturan tímpanos. Entonces, en la radio suena fútbol.
Le ilumina la cara una Mac Book blanca, con 72% de batería. Se dispone, en soledad, a contestar un cuestionario que llegó hasta su Outlook desde Mendoza, vía fibra óptica. Quizá se prepare un café. Hay un retrato de Audrey Hepburn en el piso.

"¿Cuáles son los lugares favoritos de mi casa? La cama y el escritorio, de mi vivienda en Capital -teclea veloz, Andrés-; la cocina y el jardín de mi refugio suburbano; el sofá y las ventanas de mi casa en Madrid. También tengo un estudio doméstico instalado en un conventillo de los años veinte; un 'control' con puertas corredizas y un balcón, algo poco común en un estudio de grabaciones".

Hogar, dulce hogar. Lejos quedaron sus días de ardiente impaciencia, a comienzos del nuevo milenio, cuando sus tardes sólo eran regadas por soledad, mate y fármacos. Hoy, el bueno de Andrés vive en familia, la familia que formó junto a Julieta Cardinali y Charito, su hija de dos años dando vuelta por ahí, pidiendo que le dé play a "Los Chicos", su tema favorito; justamente ese pegadizo hit que explica tanto: "Muchos amigos se fueron antes que yo y me dejaron solo.

Por eso si en el invierno hace frío, también bajo al infierno un poco; supongo que nadie se va del todo".

En síntesis, Calamaro vive su revolución íntima. Su última producción, que carga una portada al estilo revolución bolchevique, tal vez hable de eso. Tal vez no. Él lo dirá a lo largo de una entrevista virtual que le llevará dos días finiquitar.

-A comienzos de 2000 estuviste a punto de dejarlo todo y dedicarte a otra cosa… ¿Por qué? ¿De qué hubieras trabajado?

-Sí. Porque quería vivir sin ninguna clase de compromisos. Me hubiera dedicado a experimentos audiovisuales y psicoquímicos. Me dediqué a eso.

Sabe de esto. Calamaro de nuevo hizo gala de sus conocidas facultades para decirlo todo y editó un pack de 6 discos. Este acto de ¿exhibicionismo?, como el que propuso en sus días de “El salmón” (2000), reúne grandes éxitos, rarezas varias, covers filosos y experimentos de alto riesgo. El de rulos volvió a abrir el placard y todas esas canciones siempre a punto de estallar, maravillosamente revueltas, caerán sobre la humanidad del fan que se disponga a escuchar a “Andrés”.

-A la hora de hacer esta antología tuviste que repasar las canciones de los últimos 10 años. ¿Cómo te sentiste en el rol de escucha de tu propia obra? ¿Nostalgia? ¿Saturación? ¿Placer? ¿Todo junto?

-Nostalgias es un tango. Saturación, las de las guitarras. Sí, sentí alguna de las formas del placer, ¿por qué no? En definitiva, no escucho nunca mis discos, y volver a ponerlos fue interesante; me sorprendí a mí mismo. Nos divertimos mucho, no sufrimos nada.

-Cuando zapás a solas con tu piano, ¿cuál es la canción que primero sale?

-Nunca toco cuando no estoy tocando profesionalmente. Después de las giras y las grabaciones no toco un instrumento hasta el siguiente "servicio"… Es algo que tengo en común con Paco De Lucía.

-¿Cuáles fueron tus tres grandes éxitos más allá de lo musical?

-Los triunfos pasajeros y los trenes de largo recorrido. Son más de tres éxitos personales.

-¿Y qué temas incluirías en un hipotético e improbable "Grandes Fracasos"?

-En la música no existe el empate.

En Mendoza fui feliz

Se le dice al prolífico autor que editar 109 canciones en formato tradicional, en plena crisis discográfica, es un acto de locura. Se le pregunta cuántas veces se lo dijeron ya. Él se defiende a su modo:

"No insulten a mi locura llamándola 'locura temporal'". Hablar de cualidades y de defectos nunca es grato. Sabe que en estos diez años fue muchas veces sobrevalorado y también criticado, con la desmesura como denominador común. "De mí, la prensa ha sobrevaluado las rimas y mi estatura de autor -tipea-. ¿Las menos valoradas de mis cualidades? Todas las demás”.

-¿Odiaste alguna vez una crítica periodística?

-En Barcelona, la crítica es tan dura que la mayoría de las veces te recompensan con la indiferencia. Leí críticas crueles con "Honestidad brutal" y demasiado tibias con "El Salmón". Pero me aburre no leer nunca una crítica en la Mojo (revista de Gran Bretaña).

-¿Recordás algo que te haya dicho algún fan, además de pedirte un autógrafo?

-No sólo piden, también ofrecen. Una vez me dijeron que estaba viviendo mi séptima vida. Parece que se me notaba en la mirada. No sé si era un fan o un oráculo. Imagínense ustedes el resto.

-Y siguiendo con el jueguito de los grandes éxitos: ¿en qué lugar ubicarías tus recitales en Mendoza si tuvieras que hacer un “Lo mejor en vivo?”

-Francamente buenos. Tengo un recital mendocino en mi top: fuimos con Ariel (Roth) y el grupo a cantar en la segunda mitad de los ochenta. Compartíamos cartel con GIT pero ellos nunca aparecieron. Entonces tocamos muchas canciones que no teníamos en la lista de temas.

Fuimos felices una vez más y el mundo nos guiñaba el ojo. ¿Cuándo vuelvo? Si Mendoza no va a la montaña…

La mirada de los otros

Al otro día, Calamaro se vuelve a sentar frente a la laptop para seguir con el diálogo voraz de la red. Andrés ahora cuenta con 75% de batería (él no, la MacBook) y mientras sigue dándole a la tecla, espera terminar este rollo antes de que empiece Sevilla-Barcelona. Va a pedir sushi para cenar.

-En los discos hay canciones junto a Pappo y Maradona. ¿Qué recordás de esos encuentros?

-No hay olvido cuando existe la amistad y el respeto. Siempre hay un "nos volveremos a ver" en algún lugar del tiempo.

-Fuiste una parte fundamental del rock de los ochenta, de los noventa y de lo que va de 2000 también. ¿Creés que el rock nacional vive una época de declive?

-Si soy una parte fundamental, entonces no vive un declive… Soy de los que creen que el mejor momento siempre es hoy. Pero cuando "estábamos mal" también nos divertíamos mucho.

-¿Qué canción de otro artista nacional te hubiera gustado componer?

-Las de Gardel y Le Pera, las de Troilo y Manzi, las de Cátulo Castillo, cualquiera de los grandes tangos de los Expósito o de Manzi. “El Payador Perseguido”, las cosas de Larralde, los primeros temas de Pappo, temas de Indio, de Manal y Pescado Rabioso, "La Guitarra" de los Decadentes, "El Rock del Pedazo", "Tres Agujas" y unos cuantos más.

-¿Qué extrañás de Miguel Abuelo que nadie sospecha?

-Como habíamos sospechado, a Miguel se lo extraña mucho. Era un faro poético. Me gustaría poder encontrarnos una tarde para tomarnos unos mates o salir a almorzar juntos.

-¿Que cantante odiarías que cante un tema tuyo?

-Si existe alguno, tampoco sé cómo se llama.

-¿Estás peleado con Gustavo Cordera? Él habló mal de vos en una entrevista.

-A la Bersuit le debo gratitud eterna. Pusieron el cuerpo y el corazón para que yo esté contestando este reportaje ahora mismo.

-¿Quedó tan pésima tu relación con Charly como dicen? (Tuvieron una sonada pelea mediática hace un lustro).

-No tengo ninguna relación pésima.

-Si los músicos escriben canciones para levantarse minitas, cuándo están casados y enamorados, ¿por qué razón componen?

-¡Eso pregúntenselo a Peter Capusoto! Nadie escribe canciones para… eso; las canciones las escriben los obsesivos, los militantes, los que quieren cantar o escribir, los que quieren gritar algo, los enamorados y los derrotados.

No hace falta cantarle al amor ni a los pañales y la caca de tus hijos. Ni siquiera hay que partir de la realidad para escribir una canción. Uno puede mentir y la canción sigue diciendo la verdad

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